martes, 14 de junio de 2016

VOLVER A CREER


Este sábado pasado en Guadalajara se vivió algo meramente inusual dentro de los festivales de rock (si es que se pueden seguir nombrando de rock específicamente), y es que sumergido dentro de un mar de gente y escenarios monstruosos apareció el escenario o carpa :"Foro Independencia", la cual de mucho menor tamaño en medida y longitud que los escenarios adjuntos no respetó calidad, propuesta y enjundia y sorprendió a miles con las propuestas de proyectos nacionales con un futuro o más bien un presente abrumador. La experiencia para muchos fue algo mágico y lleno de opciones sonoras de las que realmente gusta palparse en un concierto de rock. Es cierto, las bocanadas reales de rock y de alternativa se vivieron en esta carpa insolente.

El evento fue un éxito claro como siempre sí... una vez más Molotov, una vez más DLD, por increíble que parezca una vez más el Morenito de fuego y así sucesivamente. Y salvo la calidad musical del morenito mencionado no pongo en duda el valor de las bandas participantes si no su continuidad enfermiza por entre los festivales del país, quedándose con valiosos espacios y minutos a proyectos auténticos que además de agregar valor crean un nuevo cúmulo de artistas que refresquen por lo menos los escenarios y no sigamos viendo el mismo cartel por aquí y por allá solo de distintos colores.

La fórmula es muy sencilla, traer a Molotov, a Caifanes, Café Tacuba, Maldita Vecindad, Fobia, Cadillacs, Decadentes etc... como headliners y listo, tendrás un lleno total y puedes darte el lujo de hacer y deshacer, escoger, pagar favores y demás con el resto del cartel. Lejos quedó la fórmula de intercalar talentos, darle valor al line up, darle espacio y tiempo a nuevos talentos para volverlos parte del negocio futuro y tener una baraja amplia y rica en un futuro cercano. Es una gran verdad, los festivales son trampolines mediáticos y de experiencia para que muchos proyectos y bandas puedan dar el gran paso. Digamos que los festivales son perfectamente necesarios.

El Foro Independencia y su escenario entonces transgredieron toda la formalidad actual y nos brindaron una oleada de talentos emergentes (aunque odio el término) durante toda la tarde del sábado pasado sabiendo sortear a los otros escenarios y lograr una euforia colectiva ajena a lo que ocurría alrededor. Así vimos talento local y nacional de verdadero valor elocuente y pasando por todos los géneros, colores y sabores de lo que en un futuro seguramente dará o ya da mucho de qué hablar. Sin duda alguna lo vivido en esa carpa será recordado muchos años como la manera de hablar de los que hoy se levantan. La gente del Foro que arriesgó todo por la experiencia merece palmas y fanfarrias por dar al público y a las bandas el espacio y el tiempo tan escasos.

Estamos secuestrados por los gustos pavoneros de las masas o si no entonces por las ofertas obligadas de quienes hoy en día realizan los festivales masivos del país. Cualquiera que sea la respuesta lo cierto es que los fabulosos proyectos nuevos no tienen cabida alguna y los consumidores se están quedando muy lejos de los otrora festivales únicos y vivos que no solo se encargan de entretener si no de traer nuevos bríos y porqué no? negocio. Algunos años atrás se apostó con éxito por nuevos valores y hoy hay un miedo potencial de volver a creer o quizás ignoremos del todo como se transformo el negocio de la música y nuestras palabras sean vanas y frías.

Ojalá pronto volvamos a creer en nuevas cosas, y les demos el valor necesario, ojalá que los grandes dinosaurios nos dejen algún día un pequeño rincón a los desafortunados. Ojalá que lo hecho por el Foro Independencia sea copiado por otros tantos o por los grandes organizadores y haya un vuelco generacional que supere fronteras. Sabemos que esto es negocio, lo comprendemos, simplemente hagamos parte de todos el negocio y enriquezcamos el mismo.

No cuestiono el valor y el profesionalismo de cualquier festival, cada vez se hacen con mayor dedicación e importancia. Simplemente pido, pedimos que se abran las puertas como en otros años se hizo, vale la pena arriesgarse... después se verán frutos palpables y todos podremos sonreír tras un vaso de cerveza y un sol hermoso de festival de rock.

lunes, 11 de abril de 2016

QUÉ TE PASÓ INGENIERO QUÉ TE PASÓ?



Como cuando la casa de tu novia está libre el fin de semana pero ella está en sus días, como cuando el Atlas tiene el penal del triunfo y lo falla el negrito Medina, como cuando agarras tu six de cerveza en el oxxo pero al pagar te dicen que ya no venden alcohol a esa hora, como cuando pasa el 371 después de esperarlo una hora y no te hace la parada... así se sintió el inicio del show de Pennywise ayer en Guadalajara ante una catastrófica noche del ingeniero de sonido de la banda de Hermosa Beach.

Ahí estábamos la vorágine ochentera con los genitales inflamados de emoción por ver a una de las grandes míticas del punk rock por primera vez en nuestra mochita y ajena Guadalajara. Pennywise por fin estaba en casa y se nos caían las uñas y se nos escurría cerveza en la garganta en la espera del gran guitarrazo inicial el cual por simple tradición tendría que aflojarnos las bragas y sacudir nuestras rodillas lesionadas.

El marco inmejorable, los puños de chavorucos fundiéndose en fraternales abrazos de angustia godín y enmielando la noche con cerveza y cigarrillos. Las bandas abridoras dándolo todo para enmarcar aun más, el lugar pletórico, el audio perfecto, los pajarillos cantan la luna se levanta... en fin una noche que tendría que ser recordada como épica y hermosa teniendo en cuenta una exquisita entrada de H20 como previa estelar, donde incluso el hijo del vocalista se dio tiempo de tocar "Nothing to prove" para ponernos a todos la piel de gallina culeca.

Y entonces llegó el momento de la entrada de Pennywise y se ahogó el grito de extasis en una casi transparente guitarra de Fletcher que a juzgar por lo bofo del sonido parecía que tocara su guitarra con bombones en lugar de la plumilla o las uñas. Es normal. dijimos todos, suele pasar en los shows con las primeras canciones y nos consolamos con nostalgia, un sorbo de cerveza más y una mirada cómplice del compañero de al lado, pero nada cambió para el segundo tema, al contrario cada vez se hacía más confuso el recital.

No podíamos emocionarnos del todo, era Pennywise frente a nuestros ojos pero algo andaba muy mal, y cantábamos en silencio encontrando refugio más en la nostalgia que en el concierto en sí y de a poco se nos fueron introduciendo la molestia y la angustia. Algunos nos armamos de valor y nos acercamos al ingeniero de la banda a suplicarle una solución auditiva pero parecía que este joven héroe se refugiaba en una total esfera de sonido propia y evitó cualquier comentario a su pésimo trabajo. 

Arriba del escenario la banda no tenía idea de lo que abajo pasaba y algunos más optaron por ignorar la terrible falla y sumirse en un slam de categoría triple A y la fiesta continuaba. Sin embargo en la parte medular cada final de canción los silbidos y denuncias cada vez eran más evidentes y de choque contra un solitario ingeniero que deambula en su mundo ambiguo de mi pequeño Pony ignorando las súplicas de cientos que añoraban abrazar los acordes reales de punk rock skate noventero.

Así nos fuimos al encore en una noche hermosa de recuerdos pero de angustioso orden sonoro, Pennywise trajo del camerino el bajo de "Stand by me" y la piel y la garganta se hacían nudos mientras Jim Lindberg cantaba con drama y calidez la pieza sesentera solo para volver a la realidad del punk rock vacío a cargo del ingeniero descalificado. Los presentes optamos solo por sonreír y fundirnos en alegría y sabor de media noche al lado de nuestros ídolos de juventud.

Se fue la noche en el C3 de Guadalajara que al igual que los invitados y los músicos nada de culpa tuvo de una desafortunada noche de un ingeniero de sonido que mató el grito loco del punk rock. Muchos tal vez nisiquiera lo habrán notado embriagados de alegría, otros encrucijados en alcohol tampoco advirtieron la noble falla. Lo cierto es que la avenida Vallarta al final se convirtió en reseña de una noche extraña a falta de la explosión total del punk rock.

Pennywise por fin estuvo en casa, en nuestra mochita y bandera Guadalajara y todos fuimos inmensamente felices como para volver a vivir dos horas de nuestra juventud ausente. Noches de este pequeño pueblo tapatío donde nos volvemos a ver todos las caras para juzgarnos de viejos y petardos, de panzones y pelones y demás. Una gran noche, una gran tocada que a pesar de que un ingeniero de audio se empeñó en destrozar, lo vivimos como lo que fue: La noche en que Pennywise pisó Guadalajara.

jueves, 10 de marzo de 2016

SE FUE EL TEMO



Creo que a todos se nos encrucijaron las muelas y se nos dislocaron las uñas de emoción el sábado pasado mientras el Cuau danzaba en los linderos del área grande como si fuera Marco Van Basten y de pierna derecha levantaba una parábola que no entró por escasos dos meñiques de Belinda. El América me importa casi lo que a Belinda este blog pero de mil amores me hubiera gustado ver esa pelota hacerle el amor a las redes del azteca.

Ajenos y propios vivimos media hora de espectáculo panbolero de gala, morbo y emoción palpable en los últimos minutos de Blanco en la cancha. El Blanco de la joroba, el de Tepito, el Blanco que se rebanó a Galilea, el de las mil patadas, mil broncas, el de la mentada de madre, el Blanco que se burló de Lavolpe, el que celebró como orinando perrunamente, el del puñetazo a Robles, el del puñetazo a Faitelson, el Blanco del Ame y del Tricolor, el que retó a la lógica y le marcó a Bélgica en el 98, el que le marcó al Madrid en el Bernabeu y jodió las apuestas de sus compañeros, el Cuauhtemoc de las masas.

El futbol moderno carece de actores y prioriza los atletas aburridos, se ha convertido en una carnicería de músculos y garra en la cancha y en una avalancha de virtudes morales fuera de ella, por lo tanto, hoy en día ser futbolista es cercano al ser humano perfecto en lo físico y en lo moral. El resultado entonces son partidos llenos de fuerza y competencia, algunos increíblemente buenos donde los jugadores y el árbitro despliegan dotes físicas y técnicas y donde fuera de la cancha debemos entenderlos como seres supremos que viven lejos de nuestras asquerosas vidas mundanas de asquerosos humanos comunes y corrientes llevados al vicio y la rutina.

Por eso es fabuloso ver a la cara opuesta del futbol por treinta minutos más, ver al Cuauhtemoc Blanco de la joroba y que nunca fue el más atlético, al que moría en la cancha a su manera y se divertía horrores fuera de ella. Muy pocos jugadores como él aderezan y ponen la pimienta a las canchas con sus ocurrencias y nos dan felicidad con declaraciones picantes y valientes, y nos alejan de la nueva moda de la liga moralista de prensa futbolera. El futbol está secuestrado por seres perfectos dispuestos a despatarrar en contra de cualquier astuta maniobra que cada futbolista pudiera tener, por eso el sábado pasado fue hermoso ver a Cuauhtemoc jugar en campo a pesar de todo.

El futbol debe volver a ser de humanos con errores y atinos, con cerveza y sin ella, con fiestas y sin ellas, con divorcios y amoríos, con lesiones y patadas, con broncas y mentadas, el futbol suplica seguir siendo un deporte de pasión y no una jaula alterna de telenotas.

Se fue Cuauhtemoc para siempre, se fue nuestro odiado más querido, el que se mofó de todos los equipos del circuito profesional mexicano. No se ve aun otro personaje que pueda suplir al Temo, no se ve alguien con más cábula y jiribilla que el divo de Tepito. El Cuau se va con la frente en alto, hoy se dice arrepentido de tantas rabietas y tarjetas rojas dentro de la cancha, yo creo que todo lo que hizo el jorobado era necesario para recordarle como la chispa del futbol mexicano.

Hasta siempre Cuau, y gracias pero muchas gracias por el gol contra Bélgica en el 98, de los que más grité en mi vida...

martes, 23 de febrero de 2016

CAIFANES AVENTUREROS



El sábado pasado Caifanes planeó un día de campo maravilloso con la mejor seguridad que los aislara de sus peores enemigos: los otros artistas y técnicos que seguramente seríamos una fuerte amenaza contra sus vidas y su concentración antes de salir al escenario. Así entonces, los audaces músicos arriesgándolo todo intrépidamente se subieron cada uno a una Suburban 2016 y otras dos camionetas iguales para su equipo y con orden militar se siguieron en comitiva esquivando el tráfico de Cholula para al final llegar sanos y salvos tras el escenario del festival Revolution donde los aguardaba su bunker fascinante.

Los esperaban cuatro enormes carpas con piso de duela para poder caminar sin tropiezos y dañar la baqueta de sus zapatos favoritos de show. Ahí dentro cada uno de los Caifanes tomó su carpa y acomodó el clima de su preferencia salvando así un posible resfriado o algo peor, que alguien o ellos mismos tirara un gas y no circulara con fluidez. ¡Dios mio! seguramente pensaban para dentro de si, menos mal que estamos bien, sanos y salvos. Se sirvieron un café de buena colección y al chef en turno le pidieron sus bocadillos solicitados, solo para darle dos mordidas, los otros baguettes terminarían la noche en el abandono y el Rost Beef apenas sería ligeramente pellizcado, nuevamente se sentían muy aliviados pues ya habían pasado hora y media desde el último room service del Hotel cinco estrellas donde dejaron sus pertenencias.

Sin embargo, no todo es felicidad, deben caminar 30 metros hacía otro sitio para una entrevista de medios televisivos, y lo peor de la misión es pasar justo donde estaban las dos casetas malolientes llamadas baños para las otras bandas. La misión era apabullante, tomarían el riesgo, ellos son muy valientes y locuaces. Así que cada uno de ellos se hizo rodear por tres guardaespaldas y tomar todo riesgo, alguien inteligentemente antes preparó el perímetro para el desplazamiento militar. ¡Que horror que nos llegáramos a tener que topar de frente con uno de los técnicos o músicos de las otras agrupaciones! ¡En México la seguridad es alarmante, cualquier cosa les puede suceder!

El viaje de ida fue un éxito, sin embargo al regreso todo se complicó, se había acumulado una fila de 5 asquerosos meones de otros grupos y habría  que pasar justo por ahí, el riesgo era mayúsculo. ¡que bueno que no arriesgamos a Saul y no vino a la entrevista! seguro ahorita estaríamos a punto del desmayo de miedo. Lo bueno de esto es que contrataron a los mejores guarros y pudieron sortear sus vidas para pasar por entre los meones. Desgraciadamente la adrenalina se hizo presente en un fatídico segundo, pues el guarro destinado a cubrir a Alfonso André tropezó y cayó dos segundos al suelo dejando totalmente a su suerte al baterista, fueron presas de pánico en segundos, tuvieron mucha suerte y el guarro se pudo recuperar rápidamente. Lo peor estuvo muy cerca de suceder, afortunadamente los meones formados no reaccionaron a tiempo y André pasó con solo un susto el cual ahogó con un trago de vodka relajante.

El resto de la noche prefirieron no arriesgarse más, apuntalaron el perímetro y cumplieron al pie de la letra la estrategia para entrar y salir del escenario, una noche más de éxito y unos cuantos miles a la bolsa. Botellas de agua a temperatura ambiente, algunos baguettes sin tocarse, tres cuartas partes del café preparado, medio Roast Beef, un tostados sin usar, varias gaseosas y gatorades con solo un trago digerido es lo que resta en las cuatro carpas después de una noche de terror. Caifanes logró sortearlo todo y volver sanos y salvos al hotel.

¿En qué momento nos convertimos en estúpidos que solapan situaciones como estas? ¿En qué momento cuatro músicos pueden cobrar cerca de los dos millones de pesos en una hora de trabajo? Un mexicano promedio quizás nunca en su vida pueda llegar a esa suma y jamás podrá probar la botella de Vodka que André degustó el sábado pasado. Yo reconozco trayectorias y merecimientos pero estamos alcanzando niveles risibles motivados por una nueva mafia absurda que convierte a los artistas en monstruos hambrientos de ego, con necesidades insolentes que traspasan los valores y la humildad pisoteando a la cordura.

Seré razonable: Cuatro músicos con perfecta salud pueden viajar en una camioneta suburban del año y el resto de su crew en otra, espacio hay suficiente. Comida suficiente para cuatro, es solo botana, vas a trabajar, no vas de campamento. Las personas a tu alrededor en su mayoría son músicos profesionales y gente haciendo su trabajo, quizás lo peor que quieran de estos músicos será una foto y solo sentir el placer de saludarlos, no somos asesinos ni mucho menos. Todos los lujos que sumes a tu absurda estancia se restan a las necesidades básicas de las otras bandas que apenas empiezan. Deben recordar que alguna vez estuvieron en igualdad de circunstancias.

En un país agobiado por la economía asesina, la gente necesita de Caifanes, necesita de Saul, de sus ídolos, de la música, de los recuerdos y la nostalgia. A la gente no le importa que Marcovich no esté, o que la voz de Saul no sea ni la mitad de lo que fue, no les importa un disco nuevo, no les importan sus nuevos proyectos. A la gente que paga por verlos solo les importa recordar como aprendieron a admirarlos y sentirlos tras tan larga ausencia. Muchos miles de músicos los observan como el gran ejemplo, se lo merecen, quizás son la mejor banda de rock que ha visto este país. Cada absurdo centavo es burlarse de quienes los pusieron en ese pedestal hermoso. 

Es obvio que el problema no es Caifanes solamente, tampoco de las productoras, es un problema generacional donde todos estamos involucrados. ¿Seguiremos alimentando egos y pisoteándonos el orgullo? ¿Hasta donde llegará la rueda de la fama efímera? De todos depende...

martes, 9 de febrero de 2016

MI SUPER DOMINGO


Scott Norwood me rompió el corazón. Yo apenas había empezado a entender el juego de las tacleadas y los cascasos y el pateador de los Bills me dejaba frío en el sillón de casa. En ese entonces nadie vio el super bowl conmigo, no había tanto albur y locura por el domingo especial. Las toneladas de alitas de pollo aun no se vendían a nadie en México, seguramente se tiraban a la basura o se mandaban a los Estados Unidos como oro molido para la botana. Todo esto pasaba mientras Scott Norwood me recordaba lo infeliz que era con el Atlas de Luis Garisto.

Cuatro finales seguidas me regalaron los Bills con derrotas absurdas, dos contra los vaqueros lo cual me hizo odiar al equipo de Dallas con todo mi corazón. Comprendí que debía cambiar de equipo de urgencia ya que como aficionado del Atlas la loza sentimental que me estaba echando con los Bills era abrumadora y dañina para cualquier corazón sano en plena juventud. Bufalo estaba matando mi amor y orgullo deportivo con puntería de ajedrez. Decidí abandonar un poco el deporte de los gringos orgullosos por un tiempo.

Soy uno de los expertos en perder super domingos de futbol americano con cuatro derrotas de los Bills al hilo. Perdimos con todas las posibilidades, de manera dramática con la babosada de Norwood, con la paliza de los Vaqueros, en fin encontramos la manera de siempre perder el súper domingo. Incluso cuando no juegan los Bills el SB como no lo hacen desde 1994, son pocas las ocasiones que gana el equipo al que apoyo. De entrada he tenido que digerir el trago amargo de los títulos de los patriotas, equipo al que odio por infinitas razones.

Este domingo yo no apoyaba a nadie en realidad, los broncos de Denver me provocan más alegría que segunda lectura de misa, y las Panteras casi más excitación que un torneo de badmington de soldados remisos. Sin embargo mi balanza se inclinó un poco por los caballos de Denver por el simple hecho de el quarter back rival Cam Newton insistió días previos y minutos antes del partido en ser un verdadero patán. Un chico sobrepasado por el éxito que lo había posicionado como el MVP de esta temporada.

Newton juró que era imparable, predijo el triunfo seguro y se proclamó invencible desde días antes, concentró su estrategia de preparación en soberbia y escasa humildad. Saltó a la cancha a bailar calentando el brazo en una muestra más de show acelerado contrario a la concentración especial que necesita una final. No sabía aun que Miller y la línea defensiva de Denver le tenían preparada la peor tarde de su temporada, y aun mostrando grandes habilidades durante el juego el joven Newton no pudo coronar su temporada de ensueño.
Al final un Manning viejo y sobrio como lo fue toda su vida, sin tantos méritos en la cancha supo traducir la charla de la noche anterior a sus jugadores y llevarse las cámaras y los micrófonos mientras Newton en la derrota y aun hambriento de atención mediática se derribaba al piso y hacia piruetas y aspavientos que le regalaron titulares a la prensa y memes a la avalancha del mame mundial.

Dicen que las defensivas ganan los campeonatos y es verdad, si la defensiva histórica de mis Bills se hubiera portado como tal en las finales de los noventas quizás estaríamos hablando de varios anillos históricos de la mafia de Buffalo. La defensiva de Denver hizo su trabajo al pie de la letra y nos regalaron un maravilloso fin de temporada a los que nos gusta este deporte. Coldplay a la mitad del evento nos invitó a la paz en una plancha enorme de color. El super bowl seguirá siendo un domingo especial para muchos donde los pollos del mundo pierden sus extremidades para saciar la tradición. Ahora resta esperar otros siete meses para la revancha de todos, incluida la del super MVP Cam Newton.

martes, 2 de febrero de 2016

HONESTAMENTE SENSIBLE


Hace dos años no tenía ni la más mínima intención de paternidad e idea de la crianza de un bebé. Mis aspiraciones se mantenían en mi pareja, el punk rock y mis viajes; adrenalinas pasajeras y cerveza embistiendo a puñetazos mi adolescencia rebelde que no quería morir a pesar de las lesiones de rodilla, las canas y las agruras de madrugada. Las ideas de ser padre se conservaban en el rincón más pequeño de una incertidumbre o en una ruleta rusa sexual de alegres dimensiones.

En ese letargo juvenil de resistencia me descubrí a la espera de un bebé de seis semanas y la cabeza explotaba de duda y felicidad abrumante. Sin embargo así como recibí la felicidad encontré desesperación y la soledad interna en espera de un latido que nunca llegó. El bebé de seis semanas se había ido para siempre, nunca escuché su corazón, nunca pudimos conocerle su madre y yo y nos ahogamos en lágrimas enormes de impotencia desesperante. Solo nos quedaron pequeñas frases de aliento, algo de sangre en las rendijas de la regadera, y un silencio sepulcral de tristeza verdaderamente agónica.

Hasta hoy he escuchado que la mayor alegría y el amor más profundo se encuentran en los hijos, yo viví la tristeza más terrible en esos días con la pérdida del mío, encimado en solo dudas, en solo silencio y coraje, en una envidia al prójimo de proporciones gigantes. Se cuentan los días y las horas, se cuentan las lágrimas solitarias. En la pareja las miradas son frías y tristes, uno se toma de la mano y se ofrece alivio y esperanza... la realidad es que por dentro la tristeza carcome y se ahogan gritos de auxilio... no queda más que sonreír en falso.

En mi caso recuerdo una tarde en mi auto y el random de mi ipod jugando con mi fortuna, me dio la canción "Ilumina mi mundo" de Tungas, se me resbalaron miles de lágrimas por fin cantando y ahogando mi dolor encarnado al pecho. Fueron segundos de un grito interno y abrumador pero confortante, un momento katártico de mi dolor interno. Nuevamente el punk rock estaba acariciando mi suerte y mi pesar, nuevamente la música tuvo que llegar a moverme el yo interno.

Entonces hay que enfrentar al mundo, hay que enfrentar a los bebés y niños que crecen a tu alrededor y eso se vuelve el verdadero calvario diario. Hay que saber sonreír al mundo y mentir y pretender que se está perfecto, que nada ha sucedido, que se vuelve a casa y se duerme sonriente. La televisión y las relaciones personales se encargan de bombardear tu cabeza y tu alma y solo queda apretar los labios fuertes y juntar las manos.

Dos años después llegó mi bebé... es cierto, es una bomba de felicidad y algo indescriptible como muchos antes lo decían. Son toneladas de cariño que se ciernen sobre uno y curan malestares del corazón. Llegó un hijo al lugar más necesario tras tanto agobio espiritual y si si es como se dice de increíble y alumbrante. Estoy más feliz de lo que nunca pude haber sido, lloré como nunca había llorado en mi vida, estoy sonriendo como pocas veces lo había hecho antes.

Los días son más felices ahora, el precio no sabría nunca realmente descifrar, se que existen muchos otros que como yo en silencio sobreviven el trago amargo de una pérdida... desde aquí les rindo mi respeto profundo. 

martes, 26 de enero de 2016

NOSTALGIA DE SOL RADIANTE



Un patio repleto del colegio Lamar, miles de personas unidas y un cartel completamente local despedían el fugaz paso de la emisora de radio de rock local "Sol radiante 1010 am" de las frecuencias tapatías. Fue una noche de celebración y éxtasis absoluto en la ciudad, una tardenoche mágica de vibra, baile y sudor de tocada festival digna de cualquier nota de alabanza al rock. Una noche mágica de sonrisas locales y amigos postumos, de armonía subrayable entre amigos. 

Sin embargo oculta en esa felicidad estaba presente la nostalgia de la partida de una emisora que se había construido llena de talento local. Esa noche tristemente se acababa uno de los pasajes más célebres del rock tapatío, esa noche se terminaba el espacio permanente del talento tapatío en el cuadrante. Esa noche se respiraba el nostálgico sabor de la duda futura.

Hace unos días atrás apenas se cumplieron los nueve años después de que Sol radiante dejó de sonar en las radios de la ciudad, en los talleres mecánicos, en los autobuses, en los automóviles. Han sido nueve años de un silencio agobiante en la radio de lo que el rock tapatío podría aportar. Las frecuencias actuales de FM traducen sus metas y líneas de trabajo en productos nacionales, internacionales, y a cuenta gotas en locales. Creando así un espacio en extremo limitado para sobresalir a los artistas locales de manera masiva como hace diez años se logró con lo hecho por la extinta 1010 de AM.

La diferencia principal que tuvo Sol radiante hace 10 años y que se vió traducida en un éxito radial inusual sobretodo hablando de una estación de AM, radicó en el creer y convertir al talento local mediano en el principal activo de la empresa, es decir, en tomar los proyectos de la ciudad anclados en los últimos años en su arma más potente, dándoles tiempo real en radio, programación continua y aprobación masiva. Y al mismo tiempo comenzar a abrazar a otros tantos proyectos nuevos como la nueva herramienta futura del fenómeno. Todo esto con una barra de programas y locutores identificados plenamente por el escucha y las bandas tapatías, trayendo así una época de rock sincero, sin etiquetas, sin líneas, sin eruditos. Un rock local en una escena verdaderamente honesta.

El resultado fue maravilloso, no había géneros, no había payolas, solo proyectos que se sustentaban con la aprobación y la calidez de un público cautivo que aprendió a querer y valorar lo suyo al conocerlo más a fondo, al analizarlo más propio y cautivo. Un poco la fórmula que la ciudad de México puso en acción a través de Reactor y otros proyectos similares donde los artistas locales se vuelven verdaderos monstruos masivos capaces de lograr festivales grandes con valor económico para las partes. La apuesta de estos modelos ha logrado crear productos capaces de ser protagónicos importantes, artistas mainstream en muchos casos.

Actualmente el FM sigue ofreciendo espacios para estos talentos, pero los alcances son limitados, entrevistas de ocasión por evento programado, o programación esporádica de los temas tapatíos en las frecuencias. Festivales radiales que incluyen de manera momentánea pero que excluyen en el rodar y rodar del sentir de un auditorio. Presencia en general casi transparente y desperdiciada en públicos cautivos dispuestos a otorgar lugares más propicios.

10 años atrás se escribieron notas importantes en el andar de esta ciudad y su contracultura, algunos de los proyectos sobrevivientes recuerdan con nostalgia el hogar radial tapatío en que se convirtió el 1010 de AM. Los muros color café y los ventanales sepia permanecen cerrados. El rock ha querido seguir existiendo y persistiendo y lo hará toda la vida. Sin embargo las posibilidades de crecimiento masivo como el de hace 10 años se tornan complicadas. En Sol radiante el rock tapatío escribió letras muy especiales, el rock tapatío vivió una bonanza única y saludable como en pocas épocas.